Hepatitis B

10 de junio de 2026

Datos y cifras

  • La hepatitis B es una infección vírica que afecta al hígado y puede provocar cuadros agudos y crónicos.
  • El virus causante se transmite con mayor frecuencia de la madre al hijo durante el parto y en la primera infancia, así como por contacto con sangre u otros líquidos corporales durante las relaciones sexuales con una pareja infectada, por inyecciones realizadas en condiciones poco seguras o por exposición a instrumentos cortantes.
  • La OMS estima que 240 millones de personas tenían infección crónica por el virus de la hepatitis B en 2024 y que cada año se producen 0,9 millones de nuevas infecciones.
  • En 2024, la hepatitis B causó aproximadamente 1,1 millones de muertes, principalmente por cirrosis o hepatocarcinoma, es decir, cáncer hepático primario.
  • La hepatitis B puede prevenirse con vacunas seguras, disponibles y eficaces.

Panorama general

La hepatitis B es una infección hepática causada por el virus de la hepatitis B. Puede cursar de forma aguda, con un cuadro breve pero grave, o convertirse en una infección crónica de larga duración.

La cronificación entraña un alto riesgo de muerte por cirrosis o cáncer de hígado.

La transmisión se produce por contacto con líquidos orgánicos contaminados, como la sangre, las secreciones vaginales, la saliva y el semen, cuando hay úlceras o heridas abiertas. La madre también puede transmitir la infección al bebé.

La hepatitis B se puede prevenir con una vacuna segura y eficaz que suele administrarse poco después del nacimiento, junto con las dosis de refuerzo que se administran unas semanas más tarde. Esta vacunación ofrece una protección prácticamente total frente al virus.

La hepatitis B constituye un importante problema de salud mundial. La mayor carga de infección se concentra en las regiones de la OMS del Pacífico Occidental y de África, donde 102 millones y 64 millones de personas, respectivamente, presentan infección crónica. Les siguen la Región de Asia Sudoriental, con 43 millones de personas infectadas; la Región del Mediterráneo Oriental, con 16 millones; la Región de Europa, con 9,7 millones; y la Región de las Américas, con 5 millones.

En 2024 se calculó que la prevalencia mundial de la infección crónica por el virus de la hepatitis B en los niños menores de 5 años era del 0,6 % (intervalo de incertidumbre del 95 %: del 0,5 % al 0,8 %). La Región de África de la OMS, con una prevalencia del 1,4 %, sigue estando muy lejos de la meta del 0,1 % fijada para 2030 y continúa soportando la mayor carga debido a la combinación de una alta prevalencia entre las madres y una cobertura insuficiente de la vacunación infantil universal, a lo que se suma, en los países con alta endemicidad, la dificultad para administrar a tiempo la dosis al nacer. La Región del Mediterráneo Oriental también presenta una prevalencia muy superior a la meta fijada para 2030, con un 0,5 %. En cambio, dos regiones de la OMS, Europa y las Américas, ya han alcanzado niveles inferiores a esa meta. Las regiones del Pacífico Occidental y de Asia Sudoriental, por su parte, han realizado grandes progresos y ahora deben redoblar sus esfuerzos para alcanzar dicha meta.

Según las últimas estimaciones de la OMS, en 2019 la proporción de niños menores de 5 años con infección crónica por el virus de la hepatitis B había descendido a algo menos del 1 %, frente a alrededor del 5 % en el periodo previo a la vacunación, que se extendió desde la década de 1980 hasta principios de la década de 2000.

Transmisión

En las zonas de alta endemicidad, la hepatitis B suele transmitirse de la madre al hijo durante el parto (transmisión perinatal) o de forma horizontal, es decir, por contacto entre personas cuando hay úlceras o heridas abiertas, sobre todo de niños infectados a niños no infectados durante los primeros 5 años de vida. La cronificación de la infección es muy frecuente entre los lactantes infectados a través de la madre y entre los niños menores de 5 años.

La hepatitis B también puede transmitirse por lesiones producidas con agujas, tatuajes o perforaciones y por exposición a sangre o líquidos orgánicos contaminados, como la saliva, el semen, el flujo menstrual y las secreciones vaginales. Además, la infección puede producirse al compartir o reutilizar agujas, jeringuillas u objetos cortantes contaminados, tanto en establecimientos de atención de la salud como en otros ámbitos, o entre personas que se inyectan drogas. La transmisión sexual es más frecuente en las personas no vacunadas que mantienen relaciones sexuales con varias personas.

Cuando la infección se produce en la edad adulta, se cronifica en menos del 5 % de los casos; en cambio, entre los lactantes y en la primera infancia, este porcentaje se aproxima al 95 %. Por ello, es necesario reforzar la vacunación de los lactantes y los niños y darle prioridad.

Síntomas

La mayoría de las personas no presentan síntomas después de infectarse.

No obstante, algunas presentan un cuadro agudo con síntomas que duran varias semanas, entre ellos:

  • Ictericia, es decir, coloración amarillenta de la piel y los ojos
  • orina de color oscuro
  • sensación de mucho cansancio
  • náuseas
  • vómitos
  • dolor abdominal.

Cuando la hepatitis aguda es grave, puede provocar insuficiencia hepática, que puede llegar a ser mortal.

Aunque la mayoría de las personas se recuperan tras la enfermedad aguda, algunas personas con hepatitis B crónica acaban presentando una enfermedad hepática progresiva y presentan complicaciones, como cirrosis y hepatocarcinoma (cáncer de hígado). Estas complicaciones pueden ser mortales.

Coinfección por el virus de la hepatitis B y el VIH

Según unas estimaciones, la prevalencia mundial de la infección por el virus de la hepatitis B entre las personas con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es del 7,4 % (1). Desde 2015, la OMS recomienda tratar a todas las personas con diagnóstico de infección por el VIH, con independencia de la fase en que se encuentre la enfermedad. El tenofovir, uno de los componentes de los tratamientos combinados de primera elección recomendados para la infección por el VIH, también es eficaz contra el virus de la hepatitis B.

Diagnóstico

La hepatitis B no puede distinguirse clínicamente de las hepatitis causadas por otros virus; por ello, es fundamental confirmar el diagnóstico mediante pruebas de laboratorio. Existen distintos análisis de sangre para diagnosticar la hepatitis B y hacer el seguimiento de los pacientes. Algunas pruebas analíticas permiten distinguir las infecciones agudas de las crónicas, mientras que otras sirven para evaluar la gravedad de la enfermedad hepática y hacer un seguimiento. También pueden realizarse exploraciones físicas, ecografías o elastografías para conocer el grado de fibrosis y cicatrización del hígado y seguir así la evolución de la hepatopatía. La OMS recomienda analizar todas las donaciones de sangre para detectar el virus de la hepatitis B, garantizar la inocuidad de la sangre y evitar la transmisión accidental.

Según unas estimaciones realizadas en 2024, 65 millones de personas que habían contraído la hepatitis B sabían que tenían esta infección, cifra que representa solamente el 27 % del total de personas infectadas por el virus.

En los lugares donde la población general presenta una seroprevalencia moderada o elevada del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg), definida como un valor igual o superior al 2 %, la OMS recomienda que todos los adultos tengan acceso a pruebas de detección de ese antígeno, así como a servicios de prevención, atención y tratamiento cuando sean necesarios. Con independencia del lugar, la OMS aconseja también realizar pruebas a las personas en las que se sospeche enfermedad hepática, a los donantes de sangre y a todas las mujeres embarazadas, en este último caso, con el fin de adoptar medidas para prevenir la transmisión maternoinfantil. Además, la OMS recomienda realizar pruebas a grupos específicos de alto riesgo, como los migrantes procedentes de regiones donde la hepatitis B es endémica, las parejas y los familiares de personas infectadas, los trabajadores de la salud, las personas que se inyectan drogas, la población reclusa, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, los trabajadores sexuales, las personas transgénero y las personas que viven con el VIH. 

Tratamiento

No hay ningún tratamiento específico contra la hepatitis B aguda, pero la infección crónica puede tratarse con antivíricos.

La atención a las personas con hepatitis B aguda debe centrarse en aliviar los síntomas. Los pacientes deben mantener una alimentación saludable y beber muchos líquidos para prevenir la deshidratación causada por los vómitos y la diarrea.

La infección crónica por el virus de la hepatitis B se puede tratar con medicamentos administrados por vía oral, como el tenofovir o el entecavir.

El tratamiento puede:

  • retrasar el avance de la cirrosis,
  • reducir el número de casos de cáncer de hígado y
  • mejorar la supervivencia a largo plazo.

En 2024, solo 10 millones de personas estaban en tratamiento antivírico, lo que equivale al 4,3 % del total de personas con hepatitis B crónica.

Según las estimaciones que figuran en las directrices actualizadas para la prevención, el diagnóstico, la atención y el tratamiento de las personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B (Guidelines for the prevention, diagnosis, care and treatment for people with chronic hepatitis B infection), publicadas en 2024, más del 50 % de las personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B requerirán tratamiento, en función del lugar y de los criterios establecidos para indicarlo.

En los lugares de bajos ingresos, la mayoría de las personas con cáncer de hígado acuden al médico en una fase avanzada de la enfermedad y fallecen pocos meses después del diagnóstico. En cambio, en los países de ingreso alto, los enfermos van al hospital en fases más tempranas y se les ofrecen intervenciones quirúrgicas y quimioterapia que pueden prolongar la vida de varios meses a unos años. Además, en los países tecnológicamente avanzados, en ocasiones se trasplantan hígados a los enfermos de cirrosis o cáncer de hígado, con resultados desiguales.

Prevención

La hepatitis B se puede prevenir con una vacuna.

La primera dosis se debe administrar a todos los bebés lo antes posible después del nacimiento, en un plazo máximo de 24 horas. Posteriormente, deben administrarse dos o tres dosis más, con un intervalo de al menos cuatro semanas entre cada dosis.

Por lo general, cuando se completa la pauta de tres dosis no se necesitan dosis de refuerzo.

La vacuna protege contra la hepatitis B durante al menos 20 años y, probablemente, de por vida.

Las madres pueden transmitir el virus de la hepatitis B a sus hijos. Esta transmisión puede evitarse administrando antivíricos a la madre y vacunando al bebé poco después de nacer.

Para reducir el riesgo de contraer o transmitir la hepatitis B, conviene:

  • practicar sexo seguro usando preservativos;
  • no compartir agujas ni ningún material utilizado para inyectarse drogas, hacer perforaciones corporales o tatuar;
  • lavarse bien las manos con agua y jabón si se ha estado en contacto con sangre, líquidos orgánicos o superficies contaminadas; y
  • vacunarse contra la hepatitis B si se trabaja en la atención de salud.

Respuesta de la OMS

Las estrategias mundiales del sector de la salud contra el VIH, las hepatitis víricas y las infecciones de transmisión sexual para el periodo 2022-2030 orientan al sector de la salud en la aplicación de medidas estratégicas encaminadas a poner fin al sida, las hepatitis víricas —en particular, las hepatitis B y C crónicas— y a las infecciones de transmisión sexual de aquí a 2030.

En esas estrategias se propone que los países apliquen una serie de medidas comunes y otras específicas para cada enfermedad, respaldadas por intervenciones de la OMS y de sus asociados. Además, se tienen en cuenta los cambios epidemiológicos, tecnológicos y contextuales ocurridos en años anteriores, se fomenta el aprendizaje en los distintos ámbitos de trabajo sobre esas enfermedades y se crean oportunidades para aprovechar las innovaciones y los nuevos conocimientos con el fin de actuar eficazmente frente a esas enfermedades. En las estrategias se pide ampliar la prevención, la realización de pruebas y el tratamiento de las hepatitis víricas, poniendo el acento en la atención a los grupos poblacionales y las zonas más afectadas y expuestas al riesgo en relación con cada enfermedad, así como en subsanar las deficiencias y corregir las inequidades existentes. Las estrategias también promueven sinergias en un marco basado en la cobertura universal y la atención primaria de salud, y contribuyen a alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La OMS presta apoyo a los países para que elaboren estrategias nacionales acordes con esa aspiración.

Además, la OMS elabora y actualiza directrices para la prevención, la realización de pruebas y el tratamiento de la infección por el virus de la hepatitis B, y presta apoyo a los países en sus esfuerzos por incorporar a su respuesta de salud pública los datos científicos y las recomendaciones más recientes.

Cada 28 de julio, la OMS organiza una campaña con motivo del Día Mundial contra la Hepatitis para concienciar sobre las hepatitis víricas y mejorar su comprensión.

 

Referencias

(1) Platt L, French CE, McGowan CR, Sabin K, Gower E, Trickey A et al. Prevalence and burden of HBV co-infection among people living with HIV: A global systematic review and meta-analysis. J Viral Hepat. 2020;27(3):294-315 (https://doi.org/10.1111/jvh.13217).